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Viernes, 03 Febrero 2017 16:36

Educación: motor del desarrollo sostenible

Resultado de imagen para ods 4La UNESCO en uno de sus más recientes informes titulado “Educación para transformar vidas” (2016), pone sobre la mesa la importancia de la educación como elemento transformador y transversal en la agenda de desarrollo 2030. En este se recoge lo expresado en la Declaración de Incheon y su interés por establecer la ruta de acción que dé cumplimiento al Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, enfocado en la garantía de una educación inclusiva, equitativa y de calidad. De esta forma, el informe parte de tres premisas sobre las que se debe estructurar el alcance del ODS 4 para que realmente se cumpla la mega de una educación incluyente con proyección de desarrollo y competitividad: i) la educación como derecho fundamental debe ser un elemento habilitador para el desarrollo humano; ii) la educación es un bien público, cuyo principal garante es el Estado, aun cuando debe ser responsabilidad compartida de la sociedad para generar procesos compartidos de diseño de políticas públicas; y iii) es necesario que los procesos educativos se guíen por principios de equidad de género en términos de acceso y empoderamiento. 

 

El cumplimiento de este Objetivo debe anclarse a una serie de metas que aterrice acciones y priorice el derrotero temático a los que se les debe apostar desde los diferentes sectores como sociedad. En este caso puntualmente, la UNESCO ha definido diez metas en las que debe generarse un compromiso conjunto desde el sector público, privado, social y académico. De acuerdo con los diagnósticos de esta institución, el 50% de los niños y niñas que han cursado hasta 4 años de estudio, todavía no saben leer ni escribir. Por esta razón, la primera meta que se propone es cobertura universal gratuita en primaria y secundaria con parámetros de pertinencia, eficiencia y calidad. El logro de este supuesto, debe estar atado a acciones concretas de política que, desde un marco normativo, sea vinculante a un proceso educativo de, por lo menos, doce años. Igualmente, el paradigma educativo debe nutrirse de formas alternativas de aprendizaje, que complemente el ciclo de formación de niños, niñas y jóvenes, auspiciado por mecanismos de evaluación que determinen la continuidad, realimentación y mejoramiento de la política educativa. 

 

La segunda meta, hace referencia a la prestación universal de servicios de calidad en primera infancia que promueva el desarrollo desde edad temprana, encontrando alternativas de realización a través de educación y alimentación gratuita obligatoria a menores de un año. Asimismo, es necesario que se presente una coordinación institucional entre los ministerios e instancias correspondientes a nivel local en materia de nutrición, protección social y recreación que promuevan integralmente el desarrollo de los niños y niñas. 

 

Por su parte, teniendo en cuenta que el 0,7% de los jóvenes entre 25 y 29 años terminan los estudios terciarios y solo un 23% de estos acceden a una carrera técnica profesional (UNESCO, 2016), la tercera y cuarta meta se propone asegurar el acceso igualitario entre hombres y mujeres a la educación técnica, tecnológica y universitaria. Para esto, el organismo multilateral define como posibles estrategias convocar alianzas para integrar al sector público y privado en el diseño de programas de formación para el trabajo en los que se considere, a la par, competencias transferibles y de emprendimiento. 

 

La quinta meta está orientada a corregir factores asociados a la disparidad de género en la educación y a situaciones de vulnerabilidad que no permiten un proceso educativo continuo. En el mundo, el 69% y el 48% de los países alcanzaron la paridad de género en educación primaria y secundaria respectivamente. De igual manera, se considera que los niños y niñas pobres tienen cinco veces menos probabilidades de no terminar la educación primaria y 21.000 niños en el mundo no asisten a una institución educativa por causas del conflicto. Con el fin de corregir esto, se deben diseñar planes y currículos que eliminen los estereotipos de género y promuevan la igualdad, basados en sistemas de información que alerten sobre la exclusión social desde los entornos educativos. En este sentido, se deben establecer protocolos de gestión del riesgo para que ningún estudiante permanezca por fuera de las aulas por causas de violencia, catástrofes, epidemias y/o desplazamiento. 

 

De acuerdo con cifras presentadas en el Informe, en 2013, 757.000 personas adultas en el mundo no sabían leer o escribir; por tanto, la sexta meta se direcciona a que en el año 2030 todos los adultos tengan competencias básicas de lectura, escritura y aritmética. Esto último, se podrá lograr si se estructuran planes y programas de alfabetización coordinados desde los diferentes sectores de la sociedad y auspiciados entre ministerios. Todo esto será posible en la medida que se dispongan de sistemas y rutas de evaluación que permitan hacer seguimiento al avance y recomendaciones a tiempo. 

 

Por su parte, la séptima meta está orientada a que todos los estudiantes en el 2030 adquieran conocimientos sobre la importancia del desarrollo sostenible, como canal para el progreso económico y social de las regiones y las naciones. Entre tanto, la octava meta tiene un foco en infraestructura que define la necesidad de construcción y adecuación de instalaciones educativas que reconozcan las particularidades del contexto, las necesidades de la población vulnerable y la provisión de servicios básicos en materia de agua potable, saneamiento y electricidad. 

 

La novena meta para alcanzar el ODS 4, hace un llamado a la necesidad de proveer becas para que jóvenes que aspiran a educación técnica y profesional puedan cursar los niveles de la educación superior a través de fondos de cooperación internacional y programas de incentivos entre los países natales y receptores para que los profesionales vuelvan a sus países de origen como promotores del desarrollo. Por último, es necesario que los maestros y formadores dispongan de una formación profesional adecuada, bajo estándares internacionales y enfocados a las particularidades del contexto. Lo anterior requiere de la promoción de equidad de género para atraer a todas las personas con vocación a que dediquen su vida profesional a la educación y formación. De igual forma, se deben establecer políticas de gestión docente inclusivas que abran canales de participación, desarrollo de carrera y parámetros de remuneración acorde a responsabilidades. 

 

En Colombia es necesario que se dispongan de espacios de discusión en el marco del diseño y revisión de la política pública de educación de las metas del ODS 4. Lo anterior, ara el camino al trabajo mancomunado con horizontes compartidos para todos los agentes de la sociedad que deben intervenir en el mejoramiento de las condiciones educativas. Asimismo, asimilar y analizar prácticas internacionales es un mecanismo que brinda elementos para adecuar al marco de formación formal e informal a procesos educativos incluyentes y sostenibles. 

 


 

 

Referencias 

 

Unesco. 2016. Educación para transformar vidas. Metas, opciones de estrategia e indicadores. Santiago de Chile

Modificado por última vez en Viernes, 03 Febrero 2017 16:50

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